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Casos · Innovación

Escombros de demolición y restos de té que limpian el agua: el desarrollo de la Facultad de Ingeniería de la UBA para remover contaminantes

La ingeniería transforma descartes en recursos y cierra el ciclo de la economía circular.

Por Redacción de Generación E 5 noviembre, 2026 Lugar: Ciudad de Buenos Aires
Grupo Mitre en acción, demoliendo una estructura en el Aeroparque Metropolitano

Un proyecto del Instituto de Química Aplicada a la Ingeniería aprovecha escombros, rocas y restos vegetales en tecnología para efluentes.

¿Puede un residuo de demolición ayudar a purificar agua contaminada? ¿Y los restos orgánicos de la producción de infusiones? Estas preguntas no forman parte de un ejercicio teórico, sino del núcleo de investigación que impulsa el Instituto de Química Aplicada a la Ingeniería (IQAI) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA). El proyecto, titulado “Aplicación de residuos de la construcción y otros adsorbentes no convencionales en el tratamiento de efluentes”, está dirigido por la doctora María Natalia Piol y plantea una reconceptualización radical sobre el destino de los materiales descartados en la actividad urbana e industrial.

El eje rector del trabajo científico parte de una convicción metodológica sobre la gestión de materiales. “No todo lo que descartamos necesariamente es basura; el verdadero desafío de la ingeniería aplicada es identificar qué flujos masivos de descarte poseen el potencial físico-químico para convertirse en recursos críticos frente a problemas ambientales complejos”, destaca la Dra. María Natalia Piol al fundamentar el enfoque del equipo de investigación.

Esta visión se alinea estricta y funcionalmente con los principios de la economía circular, buscando maximizar el ciclo de vida útil de los materiales y reducir drásticamente el impacto de la generación masiva de residuos en los centros urbanos y productivos de la Argentina.

Selección y preparación de adsorbentes no convencionales

El equipo científico trabaja con insumos que se consiguen en grandes volúmenes y a bajo costo operativo, evitando la dependencia de reactivos químicos sintéticos costosos. Entre los materiales seleccionados se encuentran:

  • Residuos de demolición: proveídos por el Grupo Mitre, constituyen una fuente masiva de matriz mineral fragmentada.
  • Dolomita: una roca calcárea de alta presencia en el territorio argentino, suministrada por Quimin SA.
  • Restos de moringa (Moringa oleífera): subproductos industriales provenientes de la producción de infusiones, aportados por El Moringuero.

Antes de su aplicación en los sistemas de tratamiento, los materiales atraviesan una rigurosa etapa de acondicionamiento físico. “Para que un residuo actúe como agente de retención debemos caracterizarlo a fondo: primero se lo seca, muele, tamiza y lava minuciosamente; luego analizamos su morfología superficial, la distribución de tamaño de partícula y su porosidad”, explica la responsable del proyecto. A esto se suman tratamientos de modificación superficial, síntesis de carbones activados y la incorporación de nanopartículas magnéticas que simplifican la recuperación posterior del sólido.

El mecanismo de retención y la escala operativa

Para comprender la dinámica físico-química del proceso, los investigadores equiparan el comportamiento de estos materiales con el de una “esponja especializada”. Cuando el efluente contaminado entra en contacto con el soporte sólido, las sustancias dispersas quedan retenidas en su superficie mediante procesos de adsorción, logrando que el contaminante pase de estar diluido en grandes volúmenes de agua líquida a concentrarse en una matriz sólida manejable.

El desarrollo experimental transita fases metodológicas precisas:

  1. Ensayos en lote (batch): pruebas en recipientes de laboratorio para cuantificar la capacidad máxima de retención y determinar las condiciones termodinámicas óptimas.
  2. Sistemas de circulación continua: escalado hacia columnas de flujo dinámico que simulan las condiciones reales de una planta de tratamiento industrial.

El desafío posterior: qué hacer con el sólido contaminado

Uno de los aportes más relevantes del proyecto radica en resolver el ciclo completo: el contaminante no desaparece, sino que cambia de fase. Para evitar transferir el problema ambiental del agua al suelo sin control, el equipo analiza destinos seguros para el material agotado:

  • Incorporación en matrices cementicias: los residuos de demolición utilizados para retener metales pesados fueron estudiados para su reingreso en la fabricación de nuevos hormigones. Mediante ensayos estructurales desarrollados junto al Laboratorio de Materiales Estructurales (LAME) de la FIUBA, se comprobó que los metales quedan inmovilizados sin comprometer la resistencia del material, un desarrollo que obtuvo el segundo puesto en la LACCEI International Conference 2023.
  • Mejoramiento de suelos: los restos de moringa empleados en la retención de cobre, níquel y zinc fueron analizados para su aplicación segura en suelos, en un trabajo conjunto con la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) cuyos resultados se encuentran en proceso de publicación científica.

Espectro de contaminantes y nueva escala agroindustrial

El alcance analítico del laboratorio abarca un amplio espectro de contaminantes presentes en efluentes industriales y urbanos. El sistema procesa la remoción de metales pesados (cobre, níquel, zinc, cromo, arsénico, hierro, cadmio y plomo) así como compuestos orgánicos complejos (colorantes industriales, antibióticos y analgésicos farmacéuticos).

(Nota técnica: el equipo subraya que el tratamiento debe adaptarse estrictamente al tipo de contaminante, diferenciando aquellos elementos inalterables como los metales —que deben ser retenidos o inmovilizados— frente a las moléculas orgánicas susceptibles de degradación).

En 2026, la iniciativa dio un salto hacia la resolución de problemáticas regionales al presentar un proyecto PIDAE enfocado en los efluentes generados durante el lavado de envases de productos fitosanitarios. Este desarrollo se lleva adelante en articulación con la Facultad de Ingeniería Agronómica de la Universidad Nacional del Este (FIA-UNA) y la empresa BASF Agro Argentina, buscando garantizar prácticas agrícolas seguras y la disposición controlada de líquidos con alta carga de pesticidas.

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